lunes, 11 de enero de 2010

Ley contra ley

Recientemente se aprobó una reforma a la ley que permite el matrimonio civil de personas del mismo sexo, así como el derecho de las mismas a adoptar.

Calificar el debate y la respuesta de todos los sectores de la población ante la medida como acalorados sería un eufemismo. Avivando debates y opiniones que tienen milenios de antigüedad, uno de los gritos de condena que más alto se levanta en nuestro país es el del sector religioso, en específico, el católico, y el partido político pseudosecular Acción Nacional.

Dentro de la avalancha de opiniones, clamores de linchamiento, sentencias de condenación, gritos de alegría, demostraciones de júbilo, comunicados de prensa y demás, se ha perdido una parte central en la discusión en lo que refiere formalmente al hecho de que es una medida de ley. Ley secular.

El sector religioso tiene todo derecho a su opinión y es respetable y completamente correcta, desde su punto de vista, claro. Innecesario resulta enumerar las condenas y frases proferidas. El sector homofóbico, el tradicionalista, el mocho y muchos otros se oponen a una ley contemplada para humanos, no para heterosexuales.

La ley secular, benditamente alejada de preceptos, cánones y dogmas religiosos tiene como deber y obligación proteger, amparar y escuchar al ser humano como eso, como ser humano, independientemente de condiciones sociales, económicas, políticas (fuero e inmunidad diplomática, los tengo en la mira) de fe o preferencia sexual.

Ahora es necesario hacer una división, ya que fueron dos leyes las aprobadas.

En cuanto al matrimonio civil.

La ley secular está obligada a respetar la decisión de una mujer de casarse con otra mujer, o la de un hombre con otro, simplemente porque cada persona es libre de asociarse, fraternizar o unirse a quien se le pegue la regalada gana. A la ley no debe importarle si algún dios estallará en ira y condenará a quien difiere de sus doctrinas a un dantesco círculo del infierno, y esto por una sencilla razón, porque tu dios, el que elijas o te elija, no es el mismo para todos. Punto.

Formar una pareja, por amor, aunque el homosexual rechace (por no practicarlas, no tanto por vituperarlas) las relaciones heterosexuales y viceversa, es un derecho universal que no debe recaer en percepciones de bien o mal. Simplemente es.

Así las cosas, que se case quien quiera con quien se deje.

En cuanto a la adopción.

Igual o más complicado, pero con muchos puntos en común. La discusión raya en el término de lo que es 'peligroso' para un niño. En ese cariz, ¿qué es más 'peligroso', un fanático religioso o un homosexual? Las posturas totalitarias e intolerantes siempre excluirán a alguien, por lo tanto, los homosexuales podrían juzgar de 'figura paterna poco conveniente' a los fanáticos religiosos y viceversa, y ambos estarían equivocados.

Los procesos de adopción están conformados por una infinidad de filtros que hacen de la misma una decisión extenuante, donde cada aspecto de la vida de los solicitantes es escrutado, y en el que es más fácil reprobar y apenas se pasa de panzazo, o de plano se recurre al tráfico de infantes, para evitar hacer examen como posible padre o madre.

Sobran los ejemplos de actividades o creencias perjudiciales para un niño al que se pretende educar en el seno de una familia. Alcoholismo, violencia física o psicológica, escasos recursos intelectuales y demás. Y para permanecer en tema, religión y preferencia sexual.

¿Es más fácil explicarle el concepto de dios a tu hijo de 4 años que el hecho de que tiene dos mamás?

Si se ha de prohibir el exponer a un infante a un ambiente familiar homosexual, también se debe prohibir toda educación religiosa en el mismo. Pareja y dios son cuestiones de decisión, pero ambas nos son dictadas, junto con muchas otras cosas, en parte por nuestros padres. Las escisiones familiares por discordancias en estos dos puntos son muestra de que debemos conocer las cosas para tomar decisiones informadas. Es comparable a si tus padres te quieren obligar a ser proctólogo cuando en realidad tu anhelo es ser piloto.

En general.

La ley de una religión específica, por mucho que pese a sus fieles, no es universal. Ahí radica la importancia de la ley humana, la cual debe hablar por absolutamente todos, y respetar a todos, incluyendo, en este particular caso, su preferencia sexual y su deseo de formar una familia. Como tal, mi amigo Benito Juárez ya lo expuso mejor que muchos, imagino conoces la frase.

1 comentario:

  1. hey aqui en Canada no es ley, pero siempre ha sido aceptado el que parejas del mismo sexo o GLBT. e igual por la adopcio, por eso personas GLBT o rainbow como se les dice aqui, viajan de todo el mundo para poder casarse aqui :)

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