sábado, 31 de enero de 2009

Fulminare 01

- Calderón acaba de apodar 'Big Mac' a la crisis… ¿se supone que con un poco de mostaza y pepinillos deben sabernos mejor las tortillas y el desempleo?

- Chabochi es el término rarámuri para aquél que tiene telarañas en el rostro (o sea, barba, aplicado para todo aquél que no es de su pueblo), y bueno, la mayoría de nosotros los chabochi, parece que no podemos dejar de decir indios a los indígenas, hindúes a los indios, esquimales a los inuit, americanos a los estadounidenses y sí, tarahumara a los rarámuri

- Naco sigue siendo aceptado y sí, permanece de moda, como el reggaetón

- ¿Por qué mejor no lo bautizaron como 'nacotón'? ¿'Guarrotón? ¿'Lumpentón'?

- Alguien debería enseñar un poco de español a las personas que hacen doblaje en lugares como Miami, Venezuela, España o Argentina, corremos el riesgo de que las apropiaciones, la diccionariofobia y la desbocada estupidez consuman al idioma, ¿quién les dijo que existe Tunisia, el fuel y los tiquetes en nuestro idioma?

- Batman está muerto (tanto como se puede estar en los cómics, claro) y a nadie le importa, pero el Capitán Estados Unidos sí salió hasta en el Niu Llorc Taims

- Jessica Simpson está gorda, y esa es la noticia más importante de enero

- Siguen libres los asesinos de mi amigo Mauricio

- ¿No podría dar Demian Hirst un Diplomado en Automercadeo del Arte?

- Miss Narco 2008 ha quedado libre porque no es delito acostarse con envenenadores de niños

- El fuel y los tamali seguirán subiendo, se recomienda calzado cómodo, dieta blanda y resistencia física nivel rarámuri para la cuesta de 1994 - 2050

- También se recomienda apagar la luz artificial (o al menos ponerle gorrito) para recuperar los cielos negros estrellados y lactosos

rodävlas

lunes, 26 de enero de 2009

Israel hoy

Bombas prohibidas. Municiones con fósforo, sustancia que explota al contacto con el aire y que al utilizarse en conflicto armado constituyen lo que internacionalmente se denominaría como 'crimen de guerra' fueron usadas por Israel en su más reciente acto de represalias a los ataques palestinos contra ellos. La pasada incursión militar israelí, el conflicto en medio oriente y la impunidad de este país ante las cortes internacionales (mucho en gracias al apoyo de Estados Unidos) son un tema que personalmente me provoca el vómito por puro sentimiento de impotencia.
Resulta obvio que Israel aprovechó los últimos días del excelentísimo Bush Jr. al mando del gobierno de Estados Unidos (fue su veto al cese al fuego inmediato en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas lo que permitió a Israel realizar su invasión terrestre a Gaza) para escribir uno de los capítulos más brutales y descarados del libro de la Estupidez Humana, y todo indica que su pasión por estar entre los protagonistas del mismo los llevará a continuar haciendo anotaciones en el futuro cercano, tras declaraciones como las del contendiente opositor al gobierno israelí, Benjamín Netanyahu, en las que deja claro que el proyecto colonialista de Israel está lejos de verse concluido.

Tratar de definir este conflicto en pocas palabras, resumiendo o dejando de lado hechos, cifras y datos, resulta imposible. Lo que es de vital importancia, es conocer su origen, sus causas y las motivaciones que hay detrás de los principales actores.

Como toda buena guerra, esta no es la excepción en cuanto a que su origen se encuentra en el deseo de dominio y poder. Tras el establecimiento del Estado de Israel, durante el cual no le preguntaron opinión a Cisjordania, Líbano, etc., después de la segunda guerra mundial, quedó claro que la imposición internacional en la zona funcionaría como una base dentro del territorio enemigo, permitiendo, bajo el estandarte de tierra prometida, una serie de crímenes e inhumanidades que difícilmente veremos castigadas por la justicia terrenal.

Pero la tierra prometida no fue suficiente para ellos, y tras la guerra de 1967, el proyecto colonial dentro de los territorios palestinos comenzó, violando la 'línea verde', que los separa de la Franja de Gaza y Cisjordania y dando paso a una infame ocupación que ha obliterado miles de vidas gracias a su brutalidad, todo en nombre de su seguridad como país, a pesar de la clara intención de dominio geográfico, político y económico.

Por supuesto, en este conflicto no hay inocentes, Hamas y los extremistas islámicos han usado el terror como medio de pelea, pero resulta difícil cuestionar si ese tipo de acciones se han realizado por intolerancia y xenofobia más por el hecho de que los pueblos oprimidos se han visto obligados; gracias a la superioridad militar israelí y el antes mencionado apoyo de importantes actores de la comunidad internacional, pocos son los recursos de acción que quedan a los ocupados. La época en la que el bando bueno y el malo eran perfectamente reconocibles terminaron, lo que ha provocado una evolución en el arte de la guerra (armas inteligentes, guerra mediática) en todo sentido menos uno: el involucramiento y la muerte de inocentes. La muerte de un niño o un anciano, una mujer o un hombre para satisfacer vanos y anquilosados intereses políticos es injustificable desde cualquier punto de vista.

La balanza en pérdidas humanas es inaceptable en todo sentido, y sigue siendo una gran pena que gente que nada tiene que ver con los oligárquicos y megalómanos planes de unos pocos paguen con familia, sangre y lágrimas el altísimo precio del bienestar de reducidos grupos en el poder. Nos encontramos muy lejos del fin de la guerra, a millones de kilómetros de un entendimiento y respeto mutuo entre diferentes razas y pueblos, cuando deberíamos concentrarnos en la palabra humanidad y lo que implica. Resulta repugnante la criatura que desperdicia su habilidad para el bien y el crecimiento humano, consciente de su breve tiempo en este lugar, para llevar a cabo, intelectual y activamente, actos barbáricos, dándose de palmadas en la espalda tras sus logros banales impulsados por su insaciable apetito por poseer y dominar.

Israel ha manejado una política enraizada en el delicado tema del holocausto al recordarnos en toda oportunidad las atrocidades cometidas contra su pueblo en la segunda guerra mundial y recalca su derecho (humano y divino) a poseer un trozo de tierra al cual llamar patria, pero, por su lado, niega la creación de lo mismo a los Palestinos, ¿acaso ellos no tienen el mismo derecho a una tierra propia, libre de opresión y miedo? Resulta no inaudito, sino descarado y completamente deshonesto que esté dispuesto a cometer actos del mismo cariz que los que tanto ha usado como escudo de justificación.

Israel no está peleando por la Tierra Prometida, estoy seguro de que Dios no ha autorizado el uso de misiles con escuelas como blanco.

rodävlas

lunes, 19 de enero de 2009

Los dueños del mundo

Hace unos días, Condoleezza Rice comentó que Estados Unidos no puede resolver los problemas del mundo.
Si esto es así, ¿por qué se meten en todo? La política doble y neoimperialista que ha manejado el gobierno estadounidense los últimos 8 años (dejando por el momento a un lado todos los anteriores, pero resaltando también el de Bush padre, antes que Clinton y sus menos destructivos deslices) es uno de los ejercicios de hipocresía descarada más evidentes actualmente; intervensionismo (probablemente Irak llegue a ser el nuevo Puerto Rico), bloqueos económicos, tratados apoyados (no proliferación de armas nucleares cuando tienen el mayor arsenal de la Tierra), tratados evitados (adscribirse al Protocolo de Kyoto desde luego no conviene a su industria) y demás actividades políticas internacionales del coloso capitalista ponen en evidencia el hecho de que el país sin nombre se detiene ante nada cuando de sus intereses se trata.

Si se jacta de ser el jugador principal, pretende serlo, y de cierta manera lo es (aunque pese reconocerlo), ¿por qué entonces este país se queja cuando los ojos del mundo voltean hacia él pidiendo una mano?
La posición de los Estados Unidos de América en el escenario mundial es complicada, y dejando a un lado favoritismos, nacionalismos y vísceras, pero haciendo un enfoque idealista, esta unión de estados tuvo, y tiene aún, el poder para coronarse con laureles en vez de ser apedreado por la comunidad internacional. ¿Es en realidad tan ingenuo pensar que su gobierno podría dar la vuelta en esta transición de poder? La oportunidad está presente, pero no podemos darnos el lujo de creer que ahora que Barack Obama está al mando todo cambiará radicalmente. Su país ha sido alimentado con miedo y terror por los medios, dominado por políticos tan hambrientos de poder y enfermos de megalomanía. Las acciones serán las que nos permitirán ver hacia qué lado se inclina la balanza. Ciertamente, el primer presidente afroamericano marca un importante cambio y un parteaguas que evidencia posibilidades que deberán seguirse de cerca para verse convertidas en acciones y hechos. El retiro de las tropas en Irak (que no significa el retiro del dominio e influencia estadounidense en el país), la desaparición de la base en Guantánamo y el obligatorio enfoque inclusivo (fuera de acciones de afirmación racial) de su mandato son un buen comienzo. Hay que darle tiempo de trabajar y oportunidades para hacerlo.
Equiparo esta transición de poder con la oportunidad, en escala diferente, que tuvo Fox en nuestro país; y bueno, todos sabemos cómo terminó esa historia de botas en el hocico y faldas que pesan más que dos huevos de rancho. Al mando de la nación más poderosa del mundo, Barack Obama tiene todo a su alcance para ser un eje de cambio verdadero que inaugure el inicio de un saneamiento político indispensable para que la humanidad sobreviva a su propia adolescencia y madure hacia algo simplemente mejor.

Sería injusto pensar que sobre sus hombros recae toda la responsabilidad del planeta, es en equipo como se debe trabajar en este escenario y es más responsabilidad del pueblo exigir con voz, voto y acción mejores gobiernos y mejores dirigentes. El pueblo estadounidense eligió mal con Bush en su primer término y se vio forzada a continuar con él gracias a la paranoia dispersada como polvorín provocada por los ataques del 11 de septiembre y la consecuente 'guerra contra el terror'. La esperanza, sin embargo, ha adquirido en el ambiente internacional, un pequeño respiro que debe ser aprovechado en su totalidad, con decisión y honestidad. Maldita sea, vaya que soy ingenuo, pero prefiero creer en la gente antes que llevar la guardia siempre en alto.

Por el momento, creo que se puede celebrar el fin del mandato de Bush, luego de una política guiada por su padre y el enclave del cual forma parte, en la cual la ignorancia y el descaro fueron predominantes. Incluso él mismo ha comentado que será difícil verse al espejo luego de 8 años de estupideces… ¿honestidad en retrospectiva? Lo dudo, y el gesto es tan ínfimo que resulta baladí.

El poder trae consigo responsabilidades. El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente. Sólo cabe esperar que el escudo de honestidad de Obama perdure sin mancillarse demasiado.

rodävlas

lunes, 12 de enero de 2009

Aviso

A una columna de haber iniciado este proyecto, mi amigo Pablo ha emprendido el viaje que todos debemos hacer.

Le habría gustado que continuara, así que permanecerán dos visiones (título que él escogiera para este blog) con el compromiso, propio, claro, de publicar una vez a la semana una columna sobre algo que nos llamara la atención o nos gustaría discutir. Todo esto como ejercicio literario para poner a tono el músculo de escritor, pero forzando la tibieza y relajación a marcharse para hacerlo lo más profesional (si aplica el término) posible.

Ambos deseábamos publicar en algún momento, así que guardo para mí su deseo, lo uno al propio y continúo... igual donde esté ahora hay una conexión decente a internet para que lea lo que se escriba aquí.

Queda esta semana con la elegía (aunque no lo sea en el sentido estricto de la acepción) y la semana que sigue continúa el proyecto, ahora con Ángel Estrada, quien padece del mismo gusano literario y amablemente se ofreció a compartir su visión en este lugar, y quien también cuenta a Pablo como uno de sus amigos cercanos.

rodävlas

Elegía

La puerta de lámina de mi habitación se abre estruendosamente y me despierto de un sobresalto. Con ojos terrosos y el cerebro razonando a menos de la mitad de su capacidad, levanto la cabeza y siento sobre mi cama un peso que se deja caer libremente a mi lado mientras escucho mi nombre (más bien mi apodo) gritado a los cuatro vientos. Soy sacudido por manos que poco cuidado tienen en lastimarme o no y la voz vuelve a resonar estruendosamente, pero el tono no es de emergencia, cuidado, ni pide auxilio. No, solamente es Pablo, a quien mis padres otra vez dejaron pasar hasta mi cuarto e insiste, en su particular modo, en que me levante ya.
Abro los ojos lo mejor que puedo y le digo en mi tono más amable, ese que sólo usan los amigos, "¿Qué chingados quieres?"

Minutos después, voy en pants y sin bañarme a acompañarlo a comprar la pieza de no sé qué a no sé dónde, porque le hace falta al auto que acaba de comprar. No importa que tenga trabajo pendiente o que vaya medio dormido por no haberme recuperado aún de otra noche de desvelo, él tiene tiempo y quiere que lo acompañe. Luego de visitar un par de refaccionarias cercanas, damos por concluida la búsqueda y vamos a echar un canástico a la del Hueso. En el camino me platica de la nueva que acaba de hacer Pablito y nos reímos porque el mocoso es igual de cabrón y listo que el padre. Me invita mis taquitos (es lo menos que puede hacer luego de despertarme y sacarme de mi sueño reparador) y me lleva de vuelta a mi casa, no me da las gracias por acompañarlo y me dice que me ponga a trabajar, que no sea huevonetas porque ya es tarde. Le respondo que apenas es mediodía, demasiado temprano para que inicie labores y me burlo de él porque sí tiene que trabajar desde temprano, mientras que yo todavía me pienso dar el lujo de tomarme otra siesta.

Mientras se aleja luego de mentarnos la madre, vuelvo a molestarme porque ya me espantó el sueño y ahora tengo que ponerme a trabajar a deshoras porque el patrón tuvo el día libre y quiso que fuera con él a conseguir la pieza de no sé qué a no sé donde.

Y no sé dónde estás hoy, hermano, pero espero que sea un lugar mejor a este, y si lo que hacemos en este plano nos recompensa con una continuidad de existencia mejor, entonces todo lo positivo que había en ti aquí vencerá a lo negativo y estarás echando un canástico celestial (sea como se quiera tomar el adjetivo) adelantado a nosotros. Nos vemos pronto, provecho.

rodävlas

lunes, 5 de enero de 2009

Pena de muerte

Para México, el 2008 fue un año marcado por el crimen. La mal llamada “Guerra contra el narco”, dejó un saldo superior a los 5,600 muertos… cifra similar al número de palestinos que perdieron la vida en la Segunda Intifada (2000-2006); mientras que los secuestros, nada nuevo en nuestro territorio, esta vez tuvieron los reflectores, lo que permitió evidenciar la colusión de las autoridades con el crimen organizado, su ineptitud y la impunidad. En ambos casos, civiles pagaron con sus vidas por la violencia desmedida que azota a nuestro país.

Reflexiones sobre la manera de castigar y prevenir este tipo de crímenes sacaron a la luz pública un tema que se había dejado en el tintero durante algún tiempo: la pena de muerte.

Si bien es cierto que este castigo podría hacer sentir mejor a los familiares y amigos de las víctimas, no resolvería el problema en absoluto. Consideremos lo siguiente:

Diversos estudios han demostrado que la pena de muerte no previene ni estos ni ningún otro delito. Al respecto debemos considerar que los homicidios se cometen principalmente en dos situaciones: o al calor de una discusión o pelea, donde las reacciones son enteramente viscerales, por lo que la reflexión no tiene cabida, o porque el asesino, como cualquier otro delincuente, tiene “todo calculado” para realizar el “crimen perfecto”. Lo que le permite suponer que en ningún caso se meditará respecto a las consecuencias de estos actos.

La no aplicación de la pena de muerte en México basándose en la tesis que el sistema judicial es deficiente y que este castigo es irreversible, también es un error. Justificarse con este argumento es tan válido como aseverar que no debemos encarcelar a nadie. Las dudas sobre la transparencia y legitimidad sobre los procesos penales en nuestro país nos permiten pensar en errores cometidos al juzgar a cualquier persona e imponerle su castigo, sin importar si este es a través de una multa, una condena en la prisión o la muerte. Los últimos dos casos son irreversibles. A nadie se le puede devolver el tiempo vivido encerrado o la vida.

Además, aunque lo más probable es que quien delinque y llega a un reclusorio no se reforme, las posibilidades de que esto suceda son mínimas. Sólo uno de cada diez delitos son perseguidos y sentenciados. ¿A qué posible delincuente lo van a detener o asustar estos datos?

Por ello, la pena de muerte, a mi parecer, sólo traería un beneficio real: el económico. No mantener a una persona en prisión, no pagar por su comida ni destinarle custodios, debe permitir alguna reducción de gastos.

En relación a la propuesta del Partido Verde sobre la pena de muerte para los secuestradores debemos saber que es improcedente. México ha firmado diversos acuerdos internacionales en los que se obliga a colaborar para erradicar este castigo. Ergo, esa propuesta busca, únicamente, atraer votos aprovechándose del dolor de la sociedad.

Finalmente, pensar en la pena de muerta para los secuestradores que sean capturados in fragantti, es una apuesta arriesgada. Si se aplica la sanción en el momento de la captura, no se daría al criminal su derecho a tener un juicio justo; mientras que, si se lleva a juicio para pedir ahí la ejecución… volveríamos a empezar.

Pablo Salcedo

Pena de muerte

Seguir matando a los criminales es una clara prueba de que no hemos avanzado como sociedad tanto como nos gustaría jactarnos, y proponer la pena de muerte en un país donde no se aplica indica un claro intento de regresar a la barbarie y a los códigos penales de hace 4,000 años. La Ley del Talión y el Código de Hammurabi no nos sirven dentro del marco de un proyecto de sociedad que deseemos construir. Somos víctimas del delito, la violencia y la inseguridad día a día, y nos hemos vuelto rehenes de las fuerzas nefastas y obscuras de seres y organizaciones que no conocen ni desean otro medio de vida que no sea el del terror. El delincuente merece castigo por sus acciones, eso está claro y es indebatible, pero, ¿cuál es el castigo adecuado para los atroces crímenes en la actualidad?

La discusión sobre la pena de muerte se ha reabierto gracias a las propuestas que han surgido recientemente y que responden a meras estrategias y oportunismos proselitistas, en vez de a un interés sincero y honesto por reducir los altísimos niveles de violencia y crimen, iniciativa cuyos impulsores quieren enmascarar con la rabia e impotencia que siente 'el pueblo' o 'la gente' (benditas encuestas) ante la inseguridad y la impunidad con la que operan los delincuentes. Y es esta misma impunidad la que debe ser un factor determinante en la discusión, tanto como vale la pena retomarla.
En un país donde el sistema de justicia encarcela al pobre y al pendejo (sabias palabras de mi padre), ofrece servicios de lujo a los huéspedes destacados de los penales y genera más delincuentes de los que realmente entran a los centros de readaptación, formalmente debería darnos pánico colectivo la posible aprobación de la pena capital en nuestro país. ¿Cuántos inocentes morirían a manos del estado? ¿Qué tan efectivo será el amedrentamiento al secuestrador, violador y demás modelo a seguir, si para ellos una vida sólo tiene valor de intercambio económico y a una tasa bajísima y retaliativamente podría generar una atroz escalada en su modus operandi? ¿Queremos dar ese poder a corruptos políticos y gente de poder para deshacerse más fácilmente de sus 'obstáculos'? ¿No quedamos como hipócritas ante La Haya, los organismos internacionales y echamos por tierra la Declaración Universal de los Derechos Humanos?

Todos estamos de acuerdo en que se castigue a la persona que no sabe ni quiere funcionar dentro de una sociedad apegándose a la ley. Todos estamos a favor de penas más duras contra delincuentes comprobados, pero la misma sociedad y los medios de procuración de justicia forman parte del problema en cuestión. ¿Qué pasa con la persona que no puede funcionar dentro de la sociedad? ¿Aquél que se ve forzado por la falta de oportunidades a delinquir?
Si viviéramos en la isla de la fantasía sabríamos que todos tenemos el poder de elegir y que aquel que rompe la ley no lo hace por no tener otra opción, sino voluntariamente, pero, de vuelta a la realidad, ¿qué tan cierto es esto?
De acuerdo, aquél que se roba una hogaza de pan no es condenado a muerte, sólo los delitos mayores serían merecedores de la pena capital, y su misma naturaleza hace que las frases dichas por los perpetradores como "soy inocente" o "la falta de oportunidades me obligó a hacerlo" suenen completamente falsas; ¿un violador se ve forzado por sus deseos más bajos a ultrajar a una niña de catorce años? ¿Qué hay de los secuestradores? ¿Qué los orilla a traumar a familias enteras con sus acciones? ¿Y los asesinos? ¿Todos oyen voces que los orillaron a apagar la vida de otra persona?
Cada caso tiene circunstancias, autores, víctimas, atenuantes y detalles particulares que hacen imposible una generalización del delito que otorgue como premio al delincuente la obligación de retirarse del mundo de los vivos con boleto sencillo pagado por el estado.

Independientemente de las causas, motivos y móviles para cometer un crimen, la discusión debe centrarse en el sistema judicial, tanto el mexicano como el del resto del mundo, y sus incontables fallas actuales, en la prevención de los delitos y en la evolución de nuestra sociedad hacia un organismo donde, utópicamente quizás, lleguemos a un punto donde el crimen (y su castigo) se lea en libros de historia y ficción.

rodävlas