lunes, 30 de noviembre de 2009

Fulminare 06

- A un año de celebrarse el centenario de la Revolución Mexicana (y menos de una vuelta al sol para el 'bicentenario de la Independencia'), estamos a buen tiempo de preguntarnos qué tipo de acciones e ideas necesitamos para despertar y dejar el 'tercer mundo'; la ignorancia y la estupidez, la corrupción y la violencia. Permitir que crezca nuestra inteligencia y compasión. Probablemente así tendremos algo qué festejar realmente

- Tomando como ejemplo a José Hernández (el astronauta), hijo de mexicanos nacido en California, es importante recordarnos que sólo nosotros somos los creadores de nuestro destino, nosotros elegimos nuestra vida y tomamos nuestras decisiones. Cada uno es responsable de sí y de llevarse hasta donde uno anhela, tanto para bien como para mal

- Dejando a un lado, claro, a los hijos de nadie que privan, por medio del miedo, la violencia y el egoísmo, a los indefensos

- Barack Obama no pudo, hasta ahora, cerrar Guantánamo. ¿Nunca quiso o no lo dejaron?

- Este 2009, se suman 27 campeonatos para los Yankees, la franquicia más ganadora en el mundo del deporte. Punto

- U2 se presentó en Berlín, detrás de un muro. ¿?

- Los piratas somalíes lograron cobrar un millonario rescate por la tripulación de 'La Alakrana', y el hecho fue motivo de fiesta nacional, el hecho de que el secuestro les haya redituado en dinero, pues. Somalia continúa siendo un Estado fallido en el cual se puede ver de primera mano la resultante de una guerra civil sin fin próximo inmediato aparente

- Sector 9 (District 9) es una muestra perfecta de que una gran historia y excelentes efectos especiales crean gran cine de entretenimiento, a pesar de haber contado con un presupuesto muy bajo para los estándares actuales, alrededor de 30 millones de dólares

- Por el contrario, 2012, a pesar de haberse bebido 200 millones de dólares en producción, es un bodrio literalmente desbordado de salvamentos por pelo de rana calva y regresos de muerte segura que falla más de lo que acierta y cae casi en el insulto al espectador. Perdí la cuenta de cuántas vidas tiene el protagonista tras la 20 y no iba ni a la mitad de la cinta

- Regresando a lo bueno del cine, pronto se estrenará 'Paranormal Activity', cinta que sólo costó 11 mil dólares y ha recaudado más de 100 millones en los Estados Unidos, junto con críticas sumamente positivas. Aterrador para el público y más para la maquinaria hollywoodense

- Faith No More se reunió tras más de una década separados, con gira internacional y un show que patea el trasero de todas las bandas desechables que pululan el medio. Simplemente excelentes. Si anunciaran que están preparando material nuevo, podría ser que el 2009 no apeste tanto

- Francia califica al mundial con gol de mano de su delantero estrella. Qué bonito es el deporte de los enajenados

- Reinicia operaciones el Gran Colisionador de Hadrones, tras 14 meses de reparaciones. El esfuerzo conjunto de científicos y naciones por comprender mejor el universo continúa

- Autoridades iraníes confiscaron la medalla del Premio Nobel de la Paz de Shirin Ebadi, una abogada especializada en derechos humanos, quien fuera merecedora del galardón en 2003.
Faltan muchos años para que veamos derrumbado el fanatismo religioso y el aislacionismo antiprogresista de mentes cegadas por luces arcaicas

- Un par de gorrones se colaron a una cena de gala en la casa blanca, burlando al servicio secreto y sus estrictas medidas de seguridad. La próxima cita de la pareja es con el Congreso estadounidense, donde igual los invitan, ahora sí, a cenar, pero tras las rejas. ¿No deberían mejor pagarles unos dolaritos y felicitarlos por haber evidenciado tales fallas en sus operaciones?

- Solange Magnano, de 38 años, ex Miss Argentina, murió tras una operación estética en la que pretendía endurecer su trasero mediante la inyección de polimetilmetacrilato. Y pregunto de vuelta, ¿en serio vale la pena morir por esto? Jamás permitiría que me inyectaran en mi deplorable posterior algo que no puedo pronunciar sin ensayar de menos 3 veces en voz baja

Mejor temprano que tarde

Para ser un país con un índice de lectores más que deplorable en cuanto a cantidad y calidad de los textos consumidos por los ojos y almacenados detrás de ellos, contamos con escritores que han marcado pauta y destacan a nivel mundial en su oficio, aunque parezca que trabajan y publican en tierra de nadie.

Tal es el caso del escritor José Emilio Pacheco, quien recientemente ha sido galardonado con el premio más importante de letras hispanas, el Cervantes, otorgado por el Ministerio de Cultura de España. Por si fuera poco, también se embolsó este año el premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, algo que sólo había logrado el español Antonio Gamoneda en 2006. Otros grandes han ganado ambos premios, pero en años distintos, lo cual, claro, no resta mérito a ninguno de ellos.

Aprovechando la ocasión de celebrar una vez más a uno de los nuestros (viva México, sí) entre los grandes, bajo cuya inmensa sombra espero poder germinar en alta secuoya, me uno con esta publicación digital a las felicitaciones a un maestro de la letra no sólo hispana, sino universal.

Mucho se puede hablar y analizar sobre el trabajo literario de Pacheco, pero creo que leer un análisis sobre una obra, antes de internarse en la obra misma, crea expectativas y forma opiniones que no son las de uno, están, de principio, influenciadas por críticas y apreciaciones de terceros. Mejor perderse entre las letras como un neófito, para luego digerirlas y crear una experiencia personal, que luego puede ser enriquecida por la crítica, comentarios y análisis de otros.

Personalmente, me faltan batallas y desiertos por descubrir de él (y de tantos otros), así que poco a poco hay que irse adentrando en lo que, apropiándome de una frase de Saramago, podemos llamar 'el hermoso encuentro'.

Reiteradas felicitaciones al maestro.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Dolorosamente bello

La apreciación de lo que se denomina bello y estético en cuanto al físico y apariencia humanos es particular de grupos sociales, económicos, culturales, regionales, educativos y demás, aunados a convenciones sociales generalizadas provistas a todos por el mundo del entretenimiento globalizado. Nada nuevo.

El dolor y el sufrimiento también están sujetos a las mismas convenciones y criterios, y si bien su relación con lo bello no nos parece muy cercana en primera instancia, hoy más que nunca están ligados en una macabra danza de vanidad, estereotipos y verdaderas estupideces.

Las modificaciones físicas a través de dolorosas y violentas técnicas en el humano a raíz de todo tipo de preceptos datan de tiempos ancestrales. Una vasta cantidad de tribus, pueblos y culturas desarrollaron prácticas que iban más allá de simples adornos. Se trataba de modificaciones permanentes al cuerpo, no pocas con consecuencias graves en edades avanzadas de quienes se sometían a las mismas.

Cuellos extendidos por aros de metal, cráneos aplanados por placas prensadas, afilado de dientes e incrustaciones de piedras preciosas, fractura y vendado de pies para evitar su crecimiento, escarificación por quemadura o inserción de tinta por medio de agujas en la piel; todos estos, ejemplos de prácticas antiguas a las que se han unido las nuevas tendencias de la vanidad y la búsqueda de lo bello y su apreciación en un contexto social: reposicionamiento de grasa corporal para reducir una parte del cuerpo y aumentar otra, prótesis de diversos materiales, tanto sintéticos como naturales, inyección de veneno en la cara, traslado o eliminado de cabello y vello, dietas y prácticas alimenticias para evitar aumento de masa corporal o peso, engrapado quirúrgico de estómago para reducir el apetito y el volumen, eliminación de piel sobrante para desvanecer arrugas o estrías.

Vivimos en la apoteosis de vanidad y las cirugías innecesarias.

Abre paréntesis. Las cirugías reconstructivas motivadas por enfermedades, mutilaciones y defectos congénitos se salvan totalmente de mi cinismo, ya que pretenden brindar al paciente un sentido de 'normalidad' que no estaba ahí para comenzar, o que se había perdido. Estas líneas pretenden enfocarse en vanidad y narcisismo por vía del bisturí y la jeringa. Cierra paréntesis.

Es elección de cada uno de nosotros nuestra apariencia, pero no se trata sólo del largo del cabello (si uno tiene, claro) o la ropa que se usa. Las modificaciones a las que muchos se someten no son meramente estéticas, son estructurales y físicas, y el dolor que soportan es el precio que pagan por verse más apetecibles, aceptarse un poco más como persona o alimentar el amor propio.

El problema no se queda en sólo una dolorosa recuperación. En el fabuloso mercado de la belleza por intervención humana, los charlatanes, estafadores y carniceros han hecho agosto con las personas con pocas ganas de permanecer como son. La lista de desperfectos resultantes es tan larga como la imaginación puede dar, desde una nariz que no quedó tan respingada, o parece pellizquito de arcilla, pasando por implantes desiguales en senos e inyección de anticongelante o aceite para auto en traseros, hasta simplemente la muerte.

¿Vale en serio la pena inflarse pómulos y labios hasta parecer víctima de ataque de abeja asesina o boxeador amateur en el octavo asalto? Si empiezas con una manita de gato, finalmente terminas dándote el zarpazo de tigre entero ya que uno se vuelve adicto al embellecimiento artificial. ¿Qué se puede pedir realmente en un mundo de plástico como el actual?

Una de mis conversaciones favoritas, en la cual participé sólo como oyente, sonó más o menos así:
Mujer insegura: "Tengo 30 mil pesos. ¿Qué crees que sea mejor, operarme el trasero y ponerme pompas o irme un mes a París?"
Hombre cínico: "¿Por qué no te vas a París y con lo que te sobre tomas terapia para aumentar tu autoestima?"

Un clásico instantáneo.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Monóxido de dihidrógeno selenita

Hace unos días la NASA comprobó que existe agua en la Luna. Las reacciones de conocidos y navegantes de la red han sido variadas, mezcladas con los sentimientos antigriegos y de crítica a su programa espacial y los millones de dólares que gasta en misiones que, según muchos, carecen de trascendencia en el panorama actual de la humanidad.

Los estadounidenses no son los únicos que resultan vituperados en su afán de investigación y conquista de lo que está más allá de nuestra atmósfera. El programa espacial de la era soviética fue parte de la carrera armamentista de la guerra fría, con resultados tanto más como menos espectaculares para su orgullo (finalmente fueron los primeros en colocar un satélite orbital y lograr al primer cosmonauta). Los chinos, japoneses y europeos se han sumado, de manera más reciente, al desarrollo de tecnologías que lleven al ser humano cada vez más lejos en el océano de materia obscura que nos rodea, sin salvarse tampoco de críticas por ello.
Por otro lado, la presencia del sector privado en este ámbito ha beneficiado, hasta ahora, a la exploración del cosmos.

Si bien las críticas hacia las inversiones en este sector tienen fundamentos válidos como el hambre y pobreza mundial, dejan de lado un aspecto vital del ser humano que lo ha llevado de la mano hasta donde está hoy, el deseo de explorar lo desconocido, de adentrarse en terreno inhóspito cognoscible únicamente a través del valor y arrojo del explorador.

¿De qué nos sirve el gasto en la Estación Espacial Internacional? ¿La investigación de nuevas tecnologías para llevar y mantener vida en la Luna y otros planetas y satélites del sistema solar y más allá del mismo? ¿Traer piedritas del espacio y crear espejos gigantes para tomarle fotos a galaxias que quién sabe si sigan ahí? ¿Llevar gusanos y frijoles a pasear en órbita? ¿Arriesgar la vida en un vehículo setentero para pasear por el gélido espacio en un traje incómodo?

Muchos olvidan fácilmente que tecnología desarrollada para el espacio se ha convertido en artículos que usamos en nuestra vida diaria y la hacen más funcional, segura y entretenida; olvidan también que el ser humano aún se encuentra en una adolescencia como especie, y que, sin riesgo de sonar melodramático, pendemos de un hilo en cuanto a nuestra supervivencia y permanencia refiere.

Podemos comparar al ser humano como un nefasto virus que ha ido carcomiendo poco a poco los recursos de su hogar, contaminándolo, destruyéndolo y modificándolo a su antojo. De extinguirse los limitados bienes que podemos extraer de nuestro planeta, ¿a qué lugar recurriremos para continuar? Haber hallado agua en nuestro satélite nos da esa respuesta de manera inequívoca.

La búsqueda y hallazgo de una atmósfera viable, agua, metales y minerales en la Luna, Marte, Europa (el satélite, no el continente), asteroides, etc. que puedan permitir el establecimiento de colonias humanas temporales y después permanentes en estos lugares son el siguiente paso (junto con la exploración marina en nuestro planeta) en la historia de los viajes del ser humano. Somos entes curiosos que debemos llegar cada vez más lejos y más responsablemente.

Nada de esto implica descuidar lo que ocurre aquí en casa, ni que pensemos en la Tierra como algo desechable. Tenemos que aprender conforme avanzamos, en espera de que nuestro conocimiento, compasión e inteligencia nos conviertan en habitantes responsables de Gaia y el Universo. Llegar hasta los confines de este último, como viajeros pacíficos, es prácticamente un deber.

lunes, 9 de noviembre de 2009

20 ladrillos

-¿Estás bien?- dijo el anciano al pequeño que sobaba sus rodillas con manos llenas de polvo. Sus raídos pantalones cortos le habían brindado poca protección contra el piso y su rodilla derecha dejaba brotar un poco de sangre. –Pudiste haberte enterrado una varilla- continuó el viejo, ya con un aire más tranquilo y paternal.

-Sólo me duelen un poco las rodillas, señor- respondió el niño de los pantalones cortos en cuyos ojos asomaban dos lágrimas reprimidas por hacerse el fuerte (más por pena) ante el desconocido.

-¿Qué haces jugando aquí? Sabes que es peligroso y los niños no deberían acercarse aún al muro, hijo. Vete con tus amigos a jugar a otro lugar- agregó el anciano, cuyo tupido bigote se movía en conjunto a sus pobladas cejas, en una blanca danza que, de no ser por el ardor de la cortada y la vergüenza, le habrían parecido muy cómicos al jovencito que jugaba con unos 5 ó 6 amigos suyos.

-Mis papás están allá, platicando, así que vinimos a jugar aquí- justificó. -¿Usted qué hace aquí si también puede lastimarse? Ya está viejito-

El anciano sonrió ampliamente y acarició la mejilla del niño de los pantalones cortos, cuando su cálida mano se alejó de su cara, las arrugas que adornaban como leyendas inenarrables su rostro se hicieron más profundas y su gesto se tornó melancólico al voltear hacia uno de los huecos rectangulares recién abiertos por hambrientos martillos, picos y manos. Casi sin pensar, más como un suspiro, dejó escapar -tenía que venir, ella podría estar aquí-

-¿Ella quién?-

Por respuesta, el niño de los pantalones cortos sólo obtuvo una sonrisa más, mezclada con clara tristeza, pero, sobre todo, con la inconfundible traza de la esperanza reflejada en la cuenca de sus labios.

El niño de los pantalones cortos se encogió de hombros al escuchar los gritos de sus amigos llamándole, saludó con la mano al anciano en señal de despedida y se mezcló con la multitud que gritaba y cantaba jubilosa.

Lenta y trabajosamente, el anciano subió y bajó por escombros de muro e ideas. Avanzando poco a poco volteaba constantemente al suelo para afirmar su paso. Se detuvo brevemente y recogió con su mano izquierda un pequeño pedazo de cemento agrietado, dio un par de pasos más y recogió otro con la derecha. Se detuvo un minuto, un para siempre, y los observó con detenimiento, juntándolos. Ambos eran, fundamentalmente, iguales.

Poco a poco, el anciano también se volvió uno entre tantos, continuando con su lento andar hacia el otro lado del muro.

No más fronteras.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Callados y sin unión

Hace algunos días, nuestros gobernantes propusieron, discutieron y aprobaron reformas a la ley de ingresos que, en palabras del PRI, son el menor de los males dentro del marco de las acciones posibles para enfrentar la crisis económica que aqueja a nuestro país.

Lejos de un análisis a fondo con números duros, para el cual no estoy ni cerca en cuanto a calificaciones académicas, lejos de las críticas que se puedan hacer a las acciones tomadas y lejos de la vergüenza que nuestra gente de poder político nos hace sentir en el panorama internacional, quisiera comentar el hecho de que las personas que pretenden hacer y deshacer a sus anchas, sin un atisbo de consecuencias a sus acciones y ni un ápice de vergüenza y conciencia ahora más que nunca se enfrentan a un fenómeno que, inexorablemente, logrará afianzarse, crecer y generar resultados que promuevan una dirigencia más justa, equitativa y de calidad para el pueblo.

La unión de la gente, desde manifestaciones sociales hasta turbas de linchamiento, para hacerse oír en su inconformidad ante una situación dada, no es algo nuevo. Tampoco lo son ya las redes sociales ni la Internet. Con Facebook y Twitter a la cabeza, reunir gente, expresarse y hacer saber lo que opinas ante millones (literalmente) de personas ahora realmente tiene una consecuencia palpable en lo que ocurre en todas las esferas de la sociedad.
Si bien es cierto que muchos hemos caído en el silencio y la inacción ante una vasta cantidad de inequidades y nos habíamos refugiado en la incómoda modorra del 'de todos modos, si me quejo, no pasa nada', es justo este momento en el cual se está presentando un verdadero cambio de actitud dentro de este marco.

Leí con gusto el encabezado y artículo de un periódico que indicaba que diputados respondían a reclamos por Twitter por la propuesta de gravar con un 2% alimentos y bebidas. Si finalmente estos reclamos contribuyeron a cambiar esta propuesta por el no más afortunado plan de aumentar IVA, ISR y otros impuestos no es el meollo de esta columna, sino el hecho de que quedarnos callados y sin unión ahora sí representa una actitud retrógrada, conformista y adocenada.

Hoy en día, conozco personas que pasan más tiempo hablando o enviando mensajes por teléfono celular, comunicándose por medio de servicios de mensajería instantánea, leyendo o escribiendo blogs o plenamente inmersos en redes sociales virtuales que con personas reales y de frente. Tomando como referencia todo el tiempo que abarca la historia de la humanidad, este reciente, muy reciente fenómeno de comunicación que brinda la tecnología será un verdadero parte aguas para el desarrollo de la actividad humana. Movimientos políticos y sociales, difusión cultural y de entretenimiento, manifestaciones artísticas, recreación y un número de actividades que se incrementan a un ritmo vertiginoso son los beneficiarios plenos de esto.

A la fecha, seguimos en el umbral de cambio generado por la tecnología, que, en un balance adelantado, da un resultado positivo para el desarrollo de nuestra sociedad, tanto nacional como el de la humanidad entera. Hoy cualquiera de nosotros tiene la oportunidad de llegar a más y más gente, tenemos el poder para generar verdaderos cambios en aras de una madurez humana que se refleje en un mundo más justo, perdurable y disfrutable, los ejemplos sobran. Quedarse callados y sin unión ya no es una opción.