lunes, 13 de abril de 2009

Zarapes y machetes

Al parecer, el estigma de ser zarapudos asombrerados costará años y años de mentadas de madre, inconformidades, insultos a nuestro honor y duelos estilo 'nos vemos a la salida'.

La reciente campaña publicitaria de la cadena de comida rápida Burger King no hace más que recordarnos que la imagen del mexicano ante ojos internacionales sigue siendo del chancludopaupérrimohuevonazo que con un par de tequilas olvida penas y hombría, trabaja por algunos centavos en la pizca, es narcofraudulentoasesino, jardinero o chacha que jamás podrá pronunciar bien ni su propio idioma.

En el círculo discriminatorio internacional en el cual nos seguimos viendo enfrascados todos, el mexicano de zarape y sombrero brilla como uno de los ejemplos más coloridos y socorridos para ser blanco de infames burlas.
La negativa presencia que tenemos en medios y artes como el cine y el cómic es completamente denigrante a veces, mediocre en la mayoría de los casos y virtualmente inexistente como modelo a seguir. Para escritores, directores, publicistas y audiencia, es muy entretenida la imagen del mariachi ilegal que se ríe con las pendejadas que le dicen en inglés y en pésimo español porque no entiende ni jota de lo que hablan y acepta unas monedas y una botella de tequila como pago a sus servicios.

El estereotipo funciona para la comedia, y en los medios de entretenimiento actuales el humor negro y punzante es disfrutado por todos nosotros. Aquí es donde se presenta un ejemplo muy evidente de un fenómeno muy curioso de racismo, discriminación y lo que muchos gustan llamar 'políticamente incorrecto'.
Cuando el mexicano se burla de sí mismo, todo está perfecto, nos reímos y burlamos bien a gusto de la miseria y tragedias ajenas, de la muerte, de la condición social, económica y cultural de nosotros mismos, de las desgracias y malas pasadas de amigos, hermanos y desconocidos, de sus preferencias sexuales, musicales, de entretenimiento y comida. Simple y sencillamente, nos burlamos, a la buena y a la mala, de absolutamente todo. Pero cuidado con el cabrón extranjero que quiera hacer lo mismo, porque entonces sí nos sacamos la bandera y el nacionalismo de los calzones y blandimos machetes en busca de sangre del masiosare, o se procede legalmente y con indignación contra el organismo o persona ejecutor de la falta o le caemos literalmente a golpes para enseñarle que con México nadie se mete.

Ocurre lo mismo con todos los grupos o estereotipos a los que podemos o no pertenecer. Los negros se dicen 'nigga' entre ellos, pero si un blanco lo hace, es racista, por ejemplo, y así nos podríamos seguir renglones y renglones.

Tan encabritado e indignado como me siento cuando extranjeros nos representan en cine y televisión como lo mencionado a principios de esta columna (y en serio me hierve la sangre y busco el machete), es difícil recordar en esos momentos que nosotros también nos burlamos de propios y ajenos, simplemente tenemos menos difusión. ¿No es increíblemente irrisorio cómo los pinches gringos color de cuija tratan de hablar español? Recuerdo una playera en un mercado de Acapulco que leía una frase suprema… 'I may not speak english, but I promise not to laugh at your spanish'. ¿Cuántos chistes de gallegos pendejos nos sabemos? Son los más cagados. ¿Y de esos pinches judíos avaros de mierda que son peores que los de bigotones sombrerudos y putos de Monterrey para soltar lana? ¿Qué hay de los amarillos que tienen ojos de regalo? ¿Y esos pinches chilangos que se creen dueños de provincia? Fabulosas y floridas palabrotas y frases como pinche, chingado, pendejo de mierda, puto, naco, gringo siempre acompañan las burlas proferidas, pero cuando nos llaman mojados, latinos, prietos y demás, hay que linchar cabrones.

Aceptémoslo, nos encanta insultar, burlarnos a la buena y a la mala de todos y de todo. La indignación está perfecta y apoyo al cien por ciento una representación más abierta, real y justa de los mexicanos y nuestra identidad (¿cuál es nuestra identidad, por cierto?), en el que hay de todo, desde el más pendejo hasta el más chingón, y afortunadamente ya hay casos de ello. Recuerdo, en particular el logro de mi amigo Jesús Gil Holguín al publicar en Archie Comics, tanto en Estados Unidos como en México, una historia (que espero sea primera de muchas) de un personaje mexicano, Toño, y su familia; gente exitosa, honesta y trabajadora como hay mucha aquí y en Estrangia.

El balance también se observa lejano en el pinche horizonte.

rodävlas

1 comentario:

  1. pq no ponen el dibujo para ver como son, no tengo idea de que sea eso, no soy de aqui.


    axel.

    ResponderEliminar